¿Hasta dónde llegar en el respeto a otras culturas?

| 26 octubre, 2016 | Reply

 El respeto es primero que nada una actitud, un modo de comportamiento civilizado que nos ayuda a mantener un equilibrio social entre el yo y los demás. En todas las culturas se educa en el respeto, y dependiendo del tipo de organización social en que se encuadre, se invoca el respeto por ser humano, el respeto por ser miembros de un mismo grupo, por se hijos de un mismo dios, etc. Igualmente, el respeto organiza la relación en sentido horizontal, entre iguales, y vertical, apelando a la jerarquía.

MExklusion - Separation - Integration - Inklusionás difícil es cuando hablamos de cómo interpretar este principio general de respeto a los otros al tratar de aplicarlo entre dos culturas diferentes, en el momento en que confluyen. Y especialmente cuando una cultura es inyectada dentro de otra, como sucede ahora en Europa, al acoger a grandes cantidades de personas que huyen de los desastres de la guerra y de la miseria y que buscan primero refugio y luego un futuro en paz y prosperidad.

Como sociedad que los acoge, pedimos respeto a nuestras costumbres. Exigimos que en nuestra casa se amolden a nuestros modos, la relación es para nosotros asimétrica. Como acogidos, quizá el respeto inicial es al derecho a la vida, a los derechos humanos en general. Es quizá más tarde, cuando ya se han asentado, cuando piden respeto a sus tradiciones, que en cierto modo es pasivo: a no ser agredidos, a dejarles ser. Pero también puede ser activo, pidiendo que integren sus conductas en la generalidad de la sociedad.

Las líneas rojas que se presentan son las de los principios generales del ordenamiento jurídico de las sociedades occidentales: libertad, igualdad, seguridad jurídica, presunción de inocencia, falta de arbitrariedad en la función pública, responsabilidad…

Y es aquí cuando entra en juego un principio que queremos poner en valor, y que no siempre está recogido como tal en todos los textos constitucionales (en España se ha descafeinado sustituyéndolo por el de aconfesionalidad): la laicidad. Si el respeto se reclama para los acogidos hacia sus manifestaciones religiosas, no se puede caer en una condescendencia siempre malsana, sino llamarlos al respeto al principio de laicidad del Estado. El único respeto que el Estado debe contemplar en este campo es el de la defensa de la libertad absoluta de conciencia, de no ser agredido en modo alguno por su adscripción religiosa.

Si el respeto se reclama a la hora de poder realizar prácticas impensables en nuestra sociedad, como la mutilación genital femenina, el uso del burka integral, por ejemplo, la única respuesta posible es la de la prohibición de la misma. Medidas formativas y otras acciones encaminadas a explicar y defender nuestros principios y derechos son por supuesto indispensables. Transigir en ciertos asuntos por mor de un respeto que lo único que hace es desteñir los altos valores morales occidentales, pilares de nuestra convivencia, es un suicidio social.

Tradiciones de tipo folclórico, musical, gastronómico, etc. se encuentran amparados ya en el marco de las libertades civiles, y no es necesario reforzarlo porque ya se encuentran al nivel de la protección que los ciudadanos, todos, por serlo, disfrutamos.

Por tanto, a la hora de poner en obra el respeto con mayúsculas, debemos contraponer los dos derechos esgrimidos por las partes, al valor establecido con el que colisionan. Dependiendo del nivel del interés que cada derecho protege, se podrá ser más flexible, o se deberá ser intransigente. La escala de valores que recogen las constituciones occidentales es el baremo a contemplar.

NOTA: este ensayo es uno de los presentados por miembros de la logia para nuestros debates internos, siendo publicado por su interés actual y para mejor conocimiento de nuestro espectro de intereses.

Tags: , ,

Category: Derechos civiles, Sin categoría

About the Author ()

Leave a Reply